Ficha Técnica del artículoRuiz, P.; González, J.L.; Mora, J. (2007). Transferencia del entrenamiento isométrico máximo voluntario al salto vertical. Influencia del feedback o conocimiento de resultados. RendimientoDeportivo.com, N°16.

<http://www.RendimientoDeportivo.com/N016/Artic048.htm> [Consulta 30/01/2007]

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Transferencia del entrenamiento isométrico máximo voluntario al salto vertical. Influencia del feedback o conocimiento de resultados.

Ruiz, P.; González, J.L.; Mora, J.


 

 1) INTRODUCCIÓN

La actuación del deportista se ve limitada, en ciertas ocasiones, por su capacidad de aplicar una fuerza máxima, ya sea de forma dinámica o isométrica. Por ello, el entrenamiento y el desarrollo de la fuerza ocupa un papel importante en su preparación física. Kuznetsov (1989), define la fuerza como “la capacidad de vencer una resistencia externa o reaccionar ante la misma mediante la aplicación de tensión muscular”. En el caso del régimen isométrico el ángulo articular permanece constante, no obstante la longitud del músculo se ve modificada gracias a las propiedades elásticas de los componentes no contráctiles, existiendo movimiento intramuscular (Siff y Verkhoshansky, 1996)

Son muchos los autores que han estudiado los parámetros óptimos de desarrollo de la fuerza máxima isométrica. Fleck y Kraemer (1997), Tous (1999), Siff y Verkhoshansky (2000), entre otros, coinciden en varios aspectos de su metodología de entrenamiento: el tiempo de contracción (TC) debe estar entre 6-8 segundos, el tiempo de reposo (TR) de 15-20 segundos, las intensidades de contracción cercanas al 100% de la contracción isométrica voluntaria máxima (CIVM) y el número de contracciones por sesión (NCS) debe estar por encima de 15-20. Además, la duración total del período de entrenamiento no debe sobrepasar las 3 semanas (Bosco, 2000; González, 2002).

En aquellos ejercicios donde se requieren contracciones de gran magnitud durante un cierto estadio del movimiento, parece ser que el entrenamiento isométrico puede ser más eficaz en el desarrollo de la fuerza que los ejercicios dinámicos (Siff y Verkhoshansky, 2000). Esta especificidad angular es otro punto importante en el proceso ya que todo entrenamiento isométrico produce mejoras en el ángulo articular específico de trabajo. Cometti (1998) afirma que el método estático dinámico específico con una parada fomenta el desarrollo de la fuerza en aquellos ángulos críticos para el rendimiento. Weir y cols. (1995), aludieron a una reducción de la co-contracción antagonista en el ángulo articular específico de trabajo y a una hipertrofia preferencial a niveles específicos para explicar este fenómeno.

Otro aspecto a tener en cuenta es la posibilidad de desplazamiento de la fuerza isométrica máxima (FIM) a otros ángulos diferentes al específico de trabajo al incrementar el volumen de entrenamiento (Fleck y Kraemer, 1997). Barr (1993), explica este tipo de adaptación como una mejora fundamentalmente neuronal debida a cambios coordinativos y de reclutamiento de las unidades motoras en la mayoría de los casos. Por otro lado, Maffiuletti y Martin (2001) demostraron que a pesar de realizar el mismo entrenamiento isométrico había diferencias en las adaptaciones en función de la velocidad de contracción.

Thepault-Mathiev y cols. (1988; citado por Tous, 1999 y Siff y Verkhoshansky, 2000), afirmaron que el entrenamiento isométrico de los cuadriceps relativamente extendidos puede producir un aumento sustancial de la fuerza no solo cerca de la región angular entrenada, sino también a lo largo de toda la amplitud de movimiento de dicha articulación. En el caso del cuadriceps femoral, Bandy y Hanten (1993) demostraron, con los resultados de su estudio, que el entrenamiento con la rodilla flexionada a 90º produjo mejoras en todo el rango de movimiento, mientras que no ocurrió así en los entrenamientos a 30º y a 60º.

En el ámbito de la psicología deportiva, son numerosos los estudios realizados acerca de la influencia de la administración de feedback (FB) o conocimiento de resultado en el proceso de entrenamiento (Graves y James, 1990; Convery y cols., 1994). Se ha demostrado en numerosas ocasiones que el feedback visual (conocimiento de resultados) proporciona información objetiva al deportista y aumenta la motivación (Brown y cols., 1984; Carlson y cols., 1992), aunque una cantidad de información excesiva puede llegar a extinguir dicha motivación y/o el divertimento en la práctica deportiva, aunque siga beneficiándose el rendimiento (Wescott y cols., 2003).

Lukasiewicz (1997) analizó el comportamiento del par de fuerzas en la extensión de rodillas cuando se aplicaban feedback visual, verbal o una combinación de los mismos. Los resultados indicaron que los hombres obtuvieron picos mayores que las mujeres y que fueron influidos por el tipo de información recibida.

El origen de nuestro estudio lo encontramos en la superposición de los factores del entrenamiento isométrico máximo, los factores psicológicos del feedback intrínseco en tiempo real. Pensamos que la conjunción de estos factores pueden alterar los resultados obtenidos normalmente.

El propósito del presente estudio es investigar la posible transferencia del entrenamiento isométrico máximo voluntario al salto vertical, mediante entrenamientos con y sin retroalimentación, en sujetos deportistas de mediana edad de ambos sexos, determinando a su vez si el feedback simultáneo provoca diferencias en la mejora.

Hipótesis: El desarrollo de la fuerza isométrica máxima extensora de las rodillas mediante el entrenamiento isométrico máximo voluntario con y sin feedback complementario, producirá transferencias positivas en sujetos deportistas de ambos sexos en el salto vertical.

 2) METODOLOGÍA

2.1. Muestra

En el proceso de selección de la muestra tomaron parte 20 sujetos, 10 hombres y 10 mujeres, alumnos/as de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y Deporte de la Universidad de Granada y cuyas características se muestran en la tabla 1. Todos ellos firmaron su compromiso y consentimiento, al recibir un dossier informativo sobre el propósito y las características del estudio. Tras los tests iniciales, se desecharon aquellos sujetos que habían tenido cualquier tipo de patología articular con anterioridad al estudio, así como los que obtuvieron los resultados más altos y más bajos (n=20).

2.2. Variables y diseño empleado

Las variables que formaran parte de nuestro estudio son las siguientes.

  1. Variables dependientes: Parámetros referentes a la fuerza máxima extensora de las rodillas:

a) Estática: CIVM en célula de carga a 90º (N·m)

b) Dinámica: Protocolo de Bosco en plataforma ErgoJump® - SJ y CMJ (cm)

  1. Variables independientes: Desarrollo de la fuerza isométrica máxima a través de un entrenamiento isométrico voluntario con dos niveles:

a) Entrenamiento Isométrico Voluntario [EIV]

b) Entrenamiento Isométrico Voluntario + Feedback [EIV+FB]

c) Género

  1. Posibles variables contaminantes:

a) Tipo de deporte practicado hasta la fecha.

b) Nivel de entrenamiento.

c) Actividad física paralela al estudio.

d) Nivel de actividad física - Cuestionario Internacional de Actividad Física IPAQ.

e) Condiciones ambientales.

Los sujetos fueron distribuidos homogéneamente dentro de los 4 grupos experimentales siguiendo un diseño factorial 2x2 sin grupo control. Debido a la naturaleza de este estudio y el objetivo perseguido consideramos como Grupo Control al grupo EIV. La distribución en los grupos se realizó mediante contrabalanceo teniendo en cuenta las variables A, B, C y D: ♂EIV (5), ♂EIV+FB (5), ♀EIV (5) y ♀EIV+FB (5). Se recurrió al cuestionario internacional estandarizado IPAQ (IPAQ, 2003) para determinar el nivel de actividad física de los sujetos y asegurar que todos tenían un nivel semejante. Las condiciones ambientales se mantuvieron siempre dentro del estándar de laboratorio.

2.3. Procedimiento

El pretest consistió en la valoración de las condiciones de fuerza isométrica (par de fuerza máximo ejercido a 90º) mediante el uso de la célula de carga experimental (Desarrollada y calibrada por la Universidad de Granada) con un tiempo máximo de contracción de 12 segundos. Los sujetos permanecieron sentados en posición erguida con las rodillas flexionadas a 90 grados y la cadera sujeta al banco mediante cinchas regulables. El sujeto tenía la posibilidad de  sujetarse al banco para aplicar mayor fuerza siempre que no elevase la cadera del mismo. El ángulo de 90 grados de la rodilla se verificó con la ayuda de un goniómetro manual.

La fuerza dinámica del tren inferior se valoró siguiendo el protocolo de Bosco para el SJ y el CMJ, seleccionando el salto de mayor altura de tres intentos.  El nivel de actividad física se midió según el cuestionario estandarizado internacional IPAQ. Posteriormente, se seleccionaron los sujetos experimentales que formaron parte del estudio.

Durante el tratamiento (3 semanas), todos los sujetos siguieron un protocolo de EIV del cuadriceps en la misma posición en la que se realizó el pretest. La revisión bibliográfica anterior aconseja emplear TC cortos frente a TR largos en entrenamientos no superiores a 12 minutos y con intensidades cercanas al 100% CIVM (Bosco, 2000). Siguiendo a Siff y Verkhoshansky (2000), y a González (2002), se concluye el protocolo de EIV en 25 CIVM de 7s con periodos de descanso de 20s.

El protocolo de entrenamiento (TC y TR)  fue automatizado mediante una aplicación informática que, a través de un sistema de altavoces, emite un sonido agudo durante el periodo de contracción (1 señal por segundo: 7 señales) y otro sonido más grave durante el proceso de relajación (1 señal cada 5 segundos: 4 señales) durante los 11'15" que duraba el entrenamiento.

Todos los grupos repitieron este protocolo de entrenamiento dos veces por semana durante 3 semanas consecutivas. Los grupos EIV sólo realizaron dicho protocolo. Los grupos EIV+FB recibieron además feedback simultáneo en tiempo real en cada repetición a través de un display digital que indicaba la carga de la célula en kilogramos.

Tras el periodo de entrenamiento de tres semanas, los sujetos volvieron a repetir todas las pruebas que realizaron en el pretest.

Para el cálculo de los momentos angulares se tuvo en cuenta la antropometría del miembro inferior del sujeto, calculando la palanca ejercida con la fórmula:

siendo Fc el módulo de la fuerza máxima registra en la célula de carga en kilogramos y Lt la longitud de la tibia medida entre la línea interarticular de la rodilla y el cóndilo tibial en metros (ISAK, 2001).

 3) RESULTADOS

El análisis estadístico descriptivo inicial de la muestra revela una edad media de 22,5 años, un peso medio de 72,9 kg y una fuerza media de 455,72 N·m para la musculatura extensora de las rodillas en los hombres. En las mujeres la edad media fue de 23,7 años, el peso medio de 56,5 kg y la fuerza del tren inferior de 322,52 N·m. Como indicadores principales para la transferencia del entrenamiento al salto vertical se tomaron SJ y CMJ de la batería de tests de Bosco (Tabla 1).

Tabla 1. Análisis descriptivo de la muestra.

La comprobación de la distribución del par de fuerza mediante la prueba de normalidad de Shapiro-Wilk para muestras inferiores a 30 fue significativa (p>0,05), por lo que se puede afirmar que dicha variable es normal (EIV: 415 N·m; EIV+FB: 414 N·m). No se realizó ninguna transformación de los datos (ASEH). Se dividió a los sujetos experimentales de forma aleatoria en 4 grupos de entrenamiento mediante contrabalanceo, tomando como referencia dicho par de fuerzas.

El análisis del par de fuerza en el postest reveló diferencias altamente significativas en los grupos EIV (p<0,01) y diferencias significativas en los grupo EIV+FB (p<0,05), por lo que podemos afirmar que el protocolo de entrenamiento influyó positivamente en el desarrollo de la fuerza isométrica máxima de los cuadriceps (Tabla 2).

Tabla 2. Prueba T para muestras relacionadas con IC=95% del Par de Fuerzas. Medido mediante célula de carga (N·m). **Altamente significativo. *Significativo.

En las Tablas 3 y 4 encontramos la evolución del SJ y el CMJ en los cuatro grupos como consecuencia del entrenamiento isométrico máximo. Tras el análisis de los resultados, el postest mostró diferencias significativas tan sólo en el SJ del grupo ♂EIV y en el CMJ del mismo grupo. También se encontraron indicios de significación en el SJ del grupo ♀EIV y en el CMJ del grupo ♂EIV+FB. Además debe destacarse cómo las mejoras obtenidas por los hombres fueron ligeramente superiores a las obtenidas por las mujeres para ambas pruebas en ambos grupos.

Tabla 3. Mejora del SJ como consecuencia del entrenamiento. * Significativo. + Indicios de significación.

Tabla 4. Mejora del CMJ como consecuencia del entrenamiento. Significación de la prueba T para muestras relacionadas (p<0.05).

Un análisis en profundidad de los rangos de mejora hace destacar aún más las diferencias obtenidas por los protocolos de entrenamiento entre hombres y mujeres (Tablas 5 y 6). Las mejoras porcentuales máximas obtenidas en SJ y CMJ por los hombres fueron muy superiores a las obtenidas por las mujeres, siendo interesante que dichas mejoras fueron inferiores en los grupos que emplearon feedback durante el entrenamiento. Destacar cómo ciertos sujetos obtuvieron mejoras de hasta el 21,9% en el SJ (♂EIV) o el 17,5% en el CMJ (♂EIV).

Tabla 5. Porcentaje de mejora del SJ según el protocolo de entrenamiento y el género (%).

Tabla 6. Porcentaje de mejora del CMJ según el protocolo de entrenamiento y el género (%).

 4) DISCUSIÓN

El entrenamiento de la fuerza en cualquiera de sus manifestaciones ocupa gran parte de la preparación en deportistas de nivel medio o alto, por ello vemos la necesidad de indagar en las repercusiones de los mismos en el rendimiento deportivo.

En la mayoría de los estudios científicos sobre el desarrollo de la fuerza, se emplearon muestras de deportistas de nivel medio, varones y activos. El sexo es un factor condicionante en el desarrollo de la fuerza debido a diversos factores hormonales y fisiológicos (Willmore y Costill, 1999), por lo que el uso de grupos mixtos da la posibilidad de comparar el comportamiento del mismo entrenamiento entre ambos.

Todos los protocolos obtuvieron mejoras en la fuerza isométrica máxima en los cuadriceps. Según Bosco (2000) y González (2002), no es aconsejable emplear ciclos de entrenamiento de más de 3 semanas para el trabajo de la fuerza isométrica máxima ya que se trata de un tratamiento agresivo: puede producir alteraciones en la coordinación, tener efectos dañinos sobre el sistema cardiovascular, reducir la elasticidad de los tejidos blandos y disminuir la velocidad de los movimientos (Siff y Verkhoshansky, 2000).

Un segundo ciclo de entrenamiento de 3 semanas tras un periodo de descanso adecuado, proporcionaría seguramente mayores diferencias entre el pretest y postest, y una respuesta más estable. Planteamos a otros investigadores la posibilidad de estudiar estos bloques de entrenamiento por separado o incluso su introducción en un ciclo de entrenamiento mixto.

4.1. Alteraciones en el salto influenciadas por la mejora en el par de fuerza

Tras el periodo de entrenamiento, los sujetos pasaron de nuevo la batería de saltos por medio de la plataforma ErgoJump® (SJ y CMJ). Las Tablas 3 y 4 muestran como dichos tests se vieron influenciados por la mejora de la fuerza, especialmente el SJ en el caso de los hombres.

No se puede concluir que sea evidente la transferencia que han tenido los programas de entrenamiento isométrico al trabajo dinámico (salto vertical), aunque sí se puede observar que influye de manera muy positiva en el sexo masculino. Sujetos del grupo ♂EIV obtuvieron mejoras del 21,9% en el SJ y del 17,5% en el CMJ (Tablas 5 y 6). Estos resultados se acercan a los aportados por Maffiuletti y cols. (2000), quienes obtuvieron mejoras del 14% en la fuerza isométrica máxima de los miembros inferiores tras cuatro semanas de entrenamiento, quienes observaron que la fuerza se veía incrementada de forma significativa en movimientos excéntricos –de forma general- y en concéntricos a altas velocidades, pudiendo dar explicación a las mejoras en el salto vertical. Por otro lado, las mejoras obtenidas por los grupos femeninos fueron bastante inferiores.

Las razones de estas mejoras diferenciadas según el género pueden deberse a causas hormonales (Wilmore and Costill, 1999). Por otro lado, la mayor mejora del SJ frente al CMJ puede deberse a que el movimiento parte de la angulación específica de trabajo en la que se realizó el entrenamiento (Weir y cols. 1995; Fleck y Kraemer, 1997; Cometti, 1998; Siff y Verkhoshansky, 2000; etc).

 5) CONCLUSIONES

  • Los resultados obtenidos en este estudio no pueden generalizarse a otros segmentos poblacionales debido a las diferencias morfo-funcionales entre los sujetos, por lo que resultaría interesante comprobar el comportamiento de este tipo de protocolo en personas sedentarias y en atletas de élite. Estos últimos quizás obtendrían mejores resultados debido a su capacidad de sacrificio, resistencia ante la fatiga acumulada y a su mayor nivel de forma física.

  • La aplicación de un segundo bloque de entrenamiento después de un periodo de descanso o el aumento de la muestra, sobre todo en el caso de las mujeres, se hubiese traducido probablemente en una estabilización de la respuesta intra-grupo y un aumento de las diferencias inter-grupo. Una replicación de la investigación arrojaría más datos sobre estos protocolos para el desarrollo de la FIM, sin embargo, se observa que sólo tres semanas de entrenamiento son representativas para inducir cambios en deportistas de estas características.

  • Se puede afirmar que, en el presente estudio, el desarrollo de la fuerza isométrica máxima es evidente utilizando ambos protocolos.

  • No se puede afirmar que, en el presente estudio, exista una transferencia positiva entre el desarrollo de la fuerza isométrica máxima en los cuadriceps y la marca obtenida en los tests de salto vertical SJ y CMJ debido a la falta de homogeneidad en los resultados obtenidos. Sin embargo, el análisis de rangos muestra como algunos sujetos mejoraron hasta un 21.9% en el SJ y hasta un 17.5% en el CMJ. Por ello, una personalización de los parámetros del entrenamiento isométrico podría producir una mayor y mejor transferencia del mismo al ejercicio dinámico. Para ello deberían ajustarse las intensidades de la carga, la frecuencia de entrenamiento y los periodos de descanso.

  • El uso de feedback o conocimiento de resultados durante el entrenamiento isométrico voluntario no mejora su transferencia al salto vertical en ningún sexo.

  • Deben valorarse las posibles adaptaciones morfológicas y funcionales en función del tipo de entrenamiento en posteriores investigaciones.

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ISSN: 1578-7354