Ficha Técnica del artículoValadés, D.; Palao, J.M.; Femia, P.; Padial, P.; Ureña, A. (2004). Análisis de la técnica básica del remate de voleibol. RendimientoDeportivo.com, N°8.

<http://www.RendimientoDeportivo.com/N008/Artic041.htm> [Consulta 16/05/2006]

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Análisis de la técnica básica del remate de voleibol.

Valadés, D.; Palao, J.M.; Femia, P.; Padial, P.; Ureña, A.


 

 1) INTRODUCCIÓN

El remate es el elemento que culmina la fase ofensiva de una jugada, para conseguirlo tiene que superar la altura de la red y la defensa contraria (Hernández, 1992). Esta acción consiste en realizar un salto con carrera previa, y un golpeo al balón hacia la pista contraria por encima de la red durante la fase de vuelo (Gutiérrez y cols., 1994; Lucas, 2000). El análisis de esta definición, muestra dos partes con finalidades independientes, el salto y el golpeo (Figura 1).

Figura 1: Esquema de las fases del remate en función de sus objetivos.

El objetivo del salto, es conseguir la máxima altura del centro de gravedad, y consecuentemente, contactar con el balón en el punto más alto posible. Cuanto mayor sea la altura del golpeo, más fácil será sobrepasar el bloqueo adversario. El objetivo del golpeo, es conseguir imprimir la máxima velocidad posible y la dirección adecuada al balón. Cuanta mayor sea la velocidad del balón, menor será el tiempo de reacción del que dispongan los defensores, teniendo en cuenta que además a mayor velocidad, mayor será la fuerza que lleva el balón y más difícil será su control por parte del defensor.

Para conseguir estos dos objetivos, el remate se compone de una secuencia temporal de cinco fases (Figura 2): 1º- Carrera de aproximación, 2º- Batida, 3º- Preparación del golpeo (armado), 4º- Golpeo y 5º- Caída. Las dos primeras fases, pretenden conseguir la máxima altura del centro de gravedad, las dos siguientes, persiguen imprimir la máxima velocidad al balón con la dirección adecuada, y la caída, como consecuencia de la ejecución del salto, debe ser equilibrada para evitar y prevenir lesiones además de permitir al jugador una posición adecuada para continuar con las siguientes acciones del juego.

Algunos autores diferencian sólo cuatro fases, incluyendo la fase de preparación de golpeo junto con la batida en una única fase, llamada “fase de salto” (Ivoilov, 1986; Cisar y Corbelli, 1989; Hernández, 1992; Abendroth-Smith y Kras, 1999). Sin embargo, a la hora de realizar el análisis pormenorizado de cada fase, describen de forma individualizada el armado, debido a su gran importancia en la velocidad final del balón. Otros autores como Gutiérrez y cols. (1992), y Coleman y cols. (1993), citan cinco fases, pero unifican la fase de preparación de golpeo en una única fase de golpeo, e identifican las dos partes de la batida como dos fases distintas; impulso de frenado y el impulso de aceleración.

Figura 2: Secuencia de las fases del remate.

En la Figura 2 se observa, a través de la fotoseriación, la técnica básica del remate realizada con el salto sobre dos pies y con el armado “bow and arrow” o en forma de “arquero” (Selinger y Ackerman, 1985; Ivoilov, 1986; Chung, 1988; Cisar y Corbelli, 1989; Gutiérrez y cols., 1992; Haley, 1992; Coleman y cols., 1993; Gutiérrez y cols., 1994; Ferris y cols., 1995; Abendroth-Smith y Kras, 1999).

Es preciso señalar, con respecto a la batida, que los estudios realizados sobre el remate de batida con una pierna (figura 3 a), muestran peores resultados de la altura alcanzada en relación al remate con salto de dos pies, aunque las velocidades del balón son ligeramente superiores (Selinger y Ackerman, 1985; Vint y Hinrichs, 1996; Huang y cols., 1999). Este tipo de salto es más usado en categoría femenina que en categoría masculina, pero según el estudio de Tillman y cols. (2004), sólo representan el 16% de los saltos totales de ataque realizados en las competiciones de categoría femenina.

Figura 3: a) Comparación de la secuencia de batida de remate con una pierna y con dos piernas (Huang y cols., 1999). b) Comparación de la secuencia de armado de remate "arquero" y circular (Selinger y Ackerman, 1985).

Con respecto al tipo de armado, Selinger y Ackerman (1985) y Bowman (2001), indican que los jugadores que utilizan el armado circular (Figura 3b), consiguen mejores resultados en la velocidad alcanzada por el balón en el remate, pero peores resultados de la altura del salto con respecto al remate realizado con la técnica de “arquero”. Sin embargo, Oka (1976, citado por Coleman y cols., 1993) y Coleman y cols. (1993), no encontraron diferencias significativas entre ambos armados y la velocidad del balón.

 2) DESCRIPCIÓN DE LAS FASES DEL REMATE

En este apartado se describe detalladamente cada una de las cinco fases propuestas. En la descripción de cada una de las cuales, se han diferenciado los siguientes apartados

A) Objetivo; se especifica el objetivo perseguido por los movimientos realizados durante cada fase.

B) Inicio y fin; se indica con claridad el momento de comienzo y finalización de cada fase.

C) Ejecución técnica; se realiza una descripción de los movimientos realizados de las diferentes partes corporales.

D) Aspectos cinemáticos; se resaltan los aspectos más relevantes de cada fase desde el punto de vista de la cinemática.

E) Aspectos claves; se abordan los factores claves de los movimientos realizados en cada fase y que permiten alcanzar los objetivos del remate.

F) Implicaciones musculares; se realiza un análisis de los principales grupos musculares implicados en los movimientos ejecutados en cada fase.

2.1. Carrera de aproximación

A) Objetivos: con la carrera de aproximación se persigue un doble objetivo (Ivoilov, 1986; Abendroth-Smith y Kras, 1999; Zhang, 1999): en primer lugar, que el jugador alcance la velocidad horizontal adecuada que le facilite posteriormente lograr la máxima altura de salto, al transformar la velocidad horizontal en vertical, y en segundo lugar, posibilitar la máxima precisión del lugar del salto respecto a la trayectoria de vuelo del balón.

La velocidad adecuada de la carrera de aproximación, debe ser del 50-60% de la velocidad máxima de sprint del jugador (Huang y cols., 1998). En el estudio de Huang y cols. (1999) se registraron velocidades máximas horizontales del centro de gravedad de 4,28m/s en jugadores masculinos. Selinger y Ackerman (1985), afirman que una aproximación eficiente puede añadir de 12,7 a 20,32 centímetros a la altura del salto del rematador.

B) Inicio y fin: se inicia con un primer paso de ajuste, aumentando la velocidad de desplazamiento en los pasos siguientes, y se termina con el penúltimo apoyo antes del despegue del suelo (Figura 4).

La duración de esta fase, está determinada por la trayectoria del balón, pues la carrera de aproximación debe ajustarse a dicha trayectoria, adecuando el momento del salto a la posición del balón (Ivoilov, 1986).

Figura 4: Fotoseriación de la carrera de aproximación.

C) Ejecución técnica: la carrera de aproximación suele ser de tres o cuatro pasos, según la longitud de zancada del jugador. La velocidad de aproximación se incrementa gradualmente, al igual que la longitud de los pasos (Abendroth-Smith y Kras, 1999).

En la fase inicial el jugador realiza uno o dos pasos preparatorios, mientras determina con mayor exactitud, la trayectoria del balón. Una vez determinada la trayectoria de vuelo del balón, corrige su velocidad de movimiento, calculando el lugar y el momento en el que realizar el salto para interceptar el balón (Ivoilov, 1986).

Figura 5: Trayectoria de desplazamiento de un jugador diestro y otro zurdo para realizar un ataque por la zona 4 y por la zona 2.

La carrera puede ser de forma oblicua o recta hacia la red, dependiendo del lado por el que se realice el ataque y de la lateralidad del jugador (Figura 5). Así, un jugador diestro, cuando remate por la izquierda (zona 4), realizará una carrera oblicua de unos 45-60 grados respecto a la red. En cambio, cuando remate por la derecha (zona 2), realizará una carrera más o menos recta, de unos 60-90 grados. Un jugador zurdo invierte el desplazamiento (Haley, 1992).

D) Aspectos cinemáticos: la velocidad horizontal desarrollada durante esta fase, sirve al jugador para provocar un incremento de la fuerza (F) que los pies ejercen contra el suelo en la siguiente fase. Dicha fuerza también provocará un aumento de la activación del ciclo estiramiento-acortamiento. Todo esto, mejorará el impulso neto (I) de la componente vertical del salto (Gutiérrez y cols., 1992; Coleman y cols., 1993; Ciapponi y cols., 1996; Abendroth-Smith y Kras, 1999; Padial, 1994).

Ecuación 1: Impulso neto.

E) Aspectos claves: mediante la carrera de aproximación el jugador debe ajustar el momento de comienzo, la velocidad y, precisar el lugar de realización del salto de acuerdo a la trayectoria del balón.

La orientación de la carrera, descrita anteriormente, determinará la posición final del cuerpo respecto a la red. Esta posición incidirá sobre la eficacia de la fase posterior, al permitir el desarrollo completo de la “cadena cinética” del golpeo (Gutiérrez y cols., 1992).

F) Implicaciones musculares: durante la carrera de aproximación se produce un movimiento cíclico de flexo-extensión de tobillos, rodillas, cadera y hombros. En este movimiento cíclico, se va alternando la actuación de la musculatura flexora de cadera (psoas), rodillas (aductores, grácil, isquiotibiales) y tobillos (tibial anterior) con la musculatura extensora de dichas articulaciones (Cadera: glúteos, isquitibiales/ Rodilla: cuádriceps/ Tobillo: gastrocnemio y sóleos). La actuación de flexo-extensión coordinada de hombros (deltoides, pectoral mayor, dorsal ancho, redondo mayor), colabora de forma positiva durante la carrera.

Siguiendo a Cisar y Corbelli (1989), en la Tabla 1 se muestran los músculos principales utilizados en la fase de acercamiento, junto con sus respectivas acciones y su localización en la representación gráfica de una jugadora.

Tabla 1: Actuaciones musculares durante la fase de carrera de aproximación del remate (modificado de Cisar y Corbelli, 1989).

2.2. Batida

A) Objetivos: en esta fase, el jugador realiza los movimientos necesarios para conseguir la máxima velocidad vertical, aprovechando la velocidad horizontal generada en la fase anterior (Gutiérrez y cols., 1992; Coleman y cols., 1993; Ureña, 1998; Abendroth-Smith y Kras, 1999).

La batida está compuesta por dos partes: a) Impulso de frenado y b) Impulso de aceleración (Figura 6). El objetivo del impulso de frenado es convertir la velocidad horizontal de la fase anterior en vertical, mientras que el objetivo del impulso de aceleración es crear la máxima velocidad vertical posible.

B) Inicio y fin: comienza con la realización del penúltimo apoyo de la carrera y finaliza en el momento del despegue de los dos pies del suelo (Figura 6). Esta fase implica el último paso de la carrera, el cual se realiza en profundidad.

La suma de las dos subfases que la componen, tiene una duración de 0,30-0,37s (Gutiérrez y cols., 1992; Ciapponi y cols., 1996; Vint y Hinrichs, 1996).

a) El impulso de frenado, comienza con el penúltimo apoyo de la carrera y finaliza en el momento de máxima flexión de rodillas y caderas. Tiene una duración aproximada de 0,17-0,19s.

b) El impulso de aceleración, comienza en el momento de máxima flexión de rodillas y caderas, para finalizar en el momento en el que los pies despegan del suelo, durando unos 0,13-0,18s.

Figura 6: Fotoseriación de la fase de batida del remate.

C) Ejecución técnica: como ya se ha mencionado, en la ejecución de la batida se distinguen dos partes, comienza con el impulso de frenado y finaliza con el despegue del suelo, tras el impulso de aceleración.

a) El impulso de frenado, se inicia cuando se produce el apoyo del talón del pie del mismo lado del brazo que ejecutará el golpeo.

Esta pierna comienza la subfase de frenado con la rodilla prácticamente extendida, y a medida que se va produciendo su flexión para frenar la velocidad horizontal de la carrera de aproximación, se realiza el segundo apoyo.

El segundo apoyo se realiza por el pie contrario al brazo ejecutor, que debe situarse ligeramente por delante del otro pie, dejando el cuerpo y la cadera orientados hacia el colocador (jugador diestro que realiza el remate por delante del colocador). Cuando se ha llegado al momento de máxima flexión de rodillas y caderas, comienza el impulso de aceleración (Figura 6).

En jugadores avanzados, el apoyo del pie contrario al brazo ejecutor se realiza con la punta del pie orientada ligeramente hacia el interior (rotación interna de rodilla), dicha posición permite a los jugadores una mejor conversión de la velocidad horizontal en vertical (Figura 7). En jugadores noveles, además de no producirse esa ligera rotación interna, el apoyo de ambos pies es casi simultáneo (Ciapponi y cols., 1996).

Figura 7: Análisis de la técnica de salto de jugadoras avanzadas y noveles. Leyenda: "Vh" es la velocidad horizontal en cada fase (adaptado de Ciapponi y cols., 1996).

b) Durante el impulso de aceleración se produce una extensión rápida de rodillas y caderas, con el fin de crear la mayor velocidad vertical posible en la realización del salto.

Durante la fase de batida, la secuencia de movimientos efectuados por los brazos, colaboran para incrementar la altura del salto. Inicialmente, en el impulso de frenado, se realiza una extensión de hombros situando los brazos por detrás del cuerpo, posteriormente se flexionan los hombros llevando los brazos hacia abajo y hacia delante. Por ultimo, durante el impulso de aceleración, continúa la flexión de hombros, llevando los brazos hacia arriba (Figura 8).

D) Aspectos cinemáticos: la batida es el último paso de la carrera de aproximación y se caracteriza por realizarse en profundidad. Esta situación provoca que el centro de gravedad quede bajo y retrasado.

a) En el impulso de frenado, los pies empujan contra el suelo para obtener unas fuerzas de reacción que le permitan frenar la cantidad de movimiento desarrollado durante la carrera previa. El ángulo final de flexión de rodillas correcto, es importante para el resultado final del salto (Padial, 1994). Este ángulo se sitúa entre 100 y 115º para jugadores de gran fuerza muscular en extremidades inferiores, y entre 120 y 130º para jugadores de menor fuerza en la musculatura (Ivoilov, 1986). Hernández (1992) hace referencia a un ángulo de 90-110º para jugadores avanzados, y un ángulo de 110-130º para jugadores principiantes.

El movimiento realizado, provoca la contracción excéntrica de la musculatura extensora de la cadera, rodillas y tobillos. Durante esta contracción se produce el estiramiento de los componentes elásticos musculares, almacenándose energía elástica, que contribuirá en la obtención de un mayor impulso neto de la componente vertical del salto, durante la fase de impulso de aceleración (Gutiérrez y cols., 1992).

El movimiento inicial de los brazos hacia atrás y arriba en esta fase, y la extensión de hombros y codos, favorece la posición retrasada y baja del centro de gravedad (Figura 8). La extensión de hombros no debe superar los 45º, pues esto provocaría una inclinación del torso hacia delante que disminuiría la eficacia del salto (Haley, 1992; Vint, 1998).

El posterior movimiento pendular de brazos hacia abajo y adelante, durante la fase intermedia de la batida, incrementa la fuerza vertical que el peso corporal ejerce contra el suelo, lo cual favorecerá la altura del salto según la ley de acción-reacción de Newton. Además, favorece el estiramiento de los elementos elásticos de la musculatura extensora de cadera y rodillas, al incrementar la fuerza de la contracción excéntrica (Figura 8).

Figura 8: Subfases de impulso de frenado y aceleración (adaptado de Gutiérrez y cols., 1992).

b) En el impulso de aceleración, se produce la contracción concéntrica de la musculatura extensora de caderas, rodillas y tobillos. La fuerza creada por esta contracción, sumada a la fuerza de reacción generada durante el impulso de frenado, y la almacenada por los elementos elásticos de la musculatura, determinarán el impulso neto vertical del salto.

El movimiento pendular final, de brazos hacia delante y arriba (Figura 8) produce un aumento de la altura del centro de masa corporal, que a su vez propicia el aumento de la altura del salto (Wielki y Dangre, 1985; Wilkerson, 1985; Gutiérrez y cols., 1992; Vint y Hinrichs, 1996; Feltner y cols., 1999).

E) Aspectos claves: los estudios biomecánicos realizados sobre el salto del remate por Wielki y Dangre (1985) y Wilkerson (1985) muestran la importancia de la velocidad vertical generada por las extremidades inferiores y resaltan el papel relevante de movimientos corporales del tren superior en la altura final alcanzada.

Otro aspecto clave en esta fase, que influye sobre el resto de la ejecución, es la posición final de doble apoyo del jugador con el pie contrario al brazo ejecutor adelantado. Esta posición sitúa las caderas de los jugadores con una orientación de unos 45º respecto a la red, lo cual posibilita la correcta realización de la “cadena cinética” del golpeo.

La posición del salto con respecto al balón, debe permitir que el jugador quede ligeramente por detrás de éste. Si el balón queda por delante del hombro del brazo ejecutor, se posibilita realizar el remate de potencia hacia todas las direcciones: línea, diagonal, etc. Por ejemplo, si el balón quedase demasiado escorado hacia uno de los laterales del brazo ejecutor, limitará la posibilidad de realizar un remate de potencia hacia el lado opuesto (Selinger y Ackerman, 1985; Chung, 1988).

F) Implicaciones musculares: durante el impulso de frenado se produce una flexión de la cadera y rodillas. Se realiza una contracción excéntrica de glúteos y cuádriceps. Al mismo tiempo, y tras la extensión inicial de hombros y codos, da comienzo la flexión de hombros mediante la acción de los deltoides, y del pectoral mayor.

Durante el impulso de aceleración se produce la extensión de la cadera, rodilla y tobillo, mediante la acción de glúteos, aductores, isquiotibiales, cuádriceps, gastrocnemio (gemelos) y sóleo.

Los brazos continúan con su movimiento hacia arriba mediante la flexión de hombros, aproximándose a los 180º. A este movimiento de brazos, se suma la extensión del cuello, que permite levantar la cabeza y elevar la mirada para no perder de vista el balón.

Las acciones y la localización gráfica de los principales grupos musculares implicados, se muestran en la Tabla 2 (Cisar y Corbelli, 1989).

Tabla 2: Actuaciones musculares durante la fase de batida del remate (adaptado de Cisar y Corbelli, 1989).

2.3. Preparación del golpeo

A) Objetivo: durante esta fase aérea, donde el cuerpo del jugador está suspendido en el aire, los rematadores deben realizar los movimientos necesarios para generar la máxima velocidad posible en la mano responsable del golpeo.

B) Inicio y fin: la fase abarca desde el momento de despegue del suelo hasta el momento de contacto de la mano con el balón, instante en el que comienza la fase de golpeo (Figura 9). En el estudio realizado por Chung (1988) con mujeres de un bajo nivel deportivo, se registró una duración media de 0,34 s, en cambio en el estudio realizado por Gutiérrez y cols. (1992) con jugadores de élite, se registró una duración media de 0,27 s.

En esta fase, siguiendo el análisis de los movimientos realizados por el brazo responsable del golpeo, se distinguen tres partes (Rokito y cols., 1998):

a) Subfase de  preparación o “wind-up”, Rokito y cols. (1998) describen todos los movimientos realizados por el brazo ejecutor del golpeo, desde el comienzo de la batida (fase de salto) hasta el comienzo de la rotación externa del hombro del brazo ejecutor. La duración de esta fase es de 0,37 s.

b) Subfase de armado o “cocking”, comienza con la rotación externa del hombro del brazo ejecutor, y finaliza al empezar la rotación interna de dicho brazo. En el estudio de Rokito y cols. (1998) con jugadores de élite, encontraron una duración de 0,25 s. Chung (1988), en un estudio con jugadores noveles, estimó una duración de 0,29 s desde el despegue hasta la máxima rotación externa del brazo.

c) Subfase de  aceleración, comienza con la rotación interna del hombro del brazo ejecutor y termina en el momento del contacto con el balón. Chung (1988) indica una duración de 0,05 s (jugadores noveles) y Rokito y cols. (1998), señalan una duración media de 0,09 s (jugadores de élite).

Figura 9: Fotoseriación de la fase de preparación del golpeo.

C) Ejecución técnica: todos los movimientos que se realizan en esta fase, giran en torno al desarrollo de una cadena cinética que proporcione la máxima velocidad posible a la mano de golpeo (Madden, 1996).

En la subfase de preparación se realizan los movimientos para adoptar la posición idónea que permita desarrollar la cadena cinética del golpeo. En la subfase de armado se perfila esta posición idónea, denominada “arco tenso” (Ivoilov, 1986; Gutiérrez y cols., 1994). En la subfase de aceleración, se produce el desarrollo de la fase final de la cadena cinética, que comienza en la cadera y finaliza en la mano.

a) Subfase de preparación o “wind-up”: tras el despegue del suelo, la cadera del lado del brazo ejecutor, se mueve hacia atrás. El codo del brazo que no realiza el golpeo, se mueve hacia delante y hacia arriba, mientras que el codo del brazo que sí realiza el golpeo, se mueve hacia arriba y lentamente hacia atrás. Al mismo tiempo, se levanta la cabeza, y se flexionan las rodillas. Estos movimientos provocan el arqueamiento progresivo del tronco.

b) Subfase de armado o “cocking”: en este momento el cuerpo del jugador, adopta la posición de “arco tenso” (Figura 9): rodillas flexionadas, tronco arqueado, codo y hombro del brazo no ejecutor extendidos y elevados y, hombro y codo del brazo ejecutor flexionados con una rotación externa pronunciada.

El tipo de armado que hemos descrito se conoce como bow and arrow” o “arquero” (Cisar y Corbelli, 1989). El nombre tiene su origen en el movimiento realizado por el brazo ejecutor, que recuerda al ejecutado por un arquero a la hora de tensar la cuerda, aunque en este caso el brazo esta algo más elevado.

c) Subfase de aceleración: comienza el encadenamiento segmentario de la cadena cinética del golpeo. Primero, la cadera del brazo ejecutor se mueve hacia delante y ligeramente hacia arriba, produciéndose un estiramiento tridimensional del torso.

A continuación el hombro del brazo ejecutor, ayudado por el estiramiento del torso, comienza a rotar hacia delante y arriba, transfiriéndose ahora el estiramiento a la musculatura de la parte superior del pecho y del hombro, tras dejar retrasado el brazo.

La velocidad del hombro se transfiere al codo, que comenzará su movimiento a la altura de la oreja, mientras se crea un estiramiento del tríceps al dejar caer la mano hacia atrás, a la altura del cuello.

El estiramiento de tríceps sirve para crear una mayor velocidad en la extensión del codo, llevando el antebrazo sobre el codo, mientras se crea un estiramiento en la muñeca, al llevarse la mano hacia atrás.

Toda la energía generada desde el movimiento en la cadera es transferida a la mano a través de la muñeca, que envuelve a la pelota para otorgarle la máxima velocidad posible.

De forma simultánea al desencadenamiento de la cadena cinética del golpeo descrita para el brazo ejecutor, se produce la extensión de rodillas y el movimiento complementario, de arriba hacia abajo y a delante del brazo que no golpea al balón.

D) Aspectos cinemáticos: la justificación de los movimientos descritos para generar la máxima velocidad posible en la mano responsable del golpeo, parten del principio de conservación del momento cinético o angular.

Ecuación 2: Principio de conservación del momento angular.

Según este principio, cada uno de los momentos angulares desarrollados en el salto, permanecen constantes una vez que el rematador despegue del suelo (Gutiérrez y cols., 1992). Este principio justifica la importancia de la orientación de las caderas en el momento de la batida, instante en el que se genera el momento angular.

Si el momento angular permanece constante, pero la masa de cada una de las partes del cuerpo que actúan en la cadena cinética del golpeo, es secuencialmente más pequeña, la velocidad angular de cada parte del cuerpo se irá incrementando: cadera, tronco, brazo, antebrazo y mano (Figura 10).

El principio de conservación del momento angular, también, justifica la acción de piernas en la fase aérea. Los movimientos realizados por el tren inferior tienen por objetivo compensar los realizados por el tronco y brazos (Gutiérrez y cols., 1994).

E) Aspectos claves: la velocidad final de la mano estará determinada por la adecuada coordinación de cada uno de los grupos musculares que intervienen en la cadena cinética del golpeo.

Por orden de importancia, Vint (1995), estableció que la velocidad que la mano le transmitía al balón, dependía en un 46% de la extensión del codo, en un 20,5% de la rotación del hombro, en un 14,5% de la actuación de la rotación del pecho, en un 7,5% del desplazamiento hacia delante del centro de gravedad durante el salto, en un 5,5% de la flexión de la muñeca y el restante 6% dependía de otros factores.

Figura 10: Representación del incremento de la velocidad angular durante la cadena cinética del golpeo en el remate (Kreighbaum y Barthels, 1981, adaptada por Gutiérrez y cols., 1992).

La participación secuencial en el tiempo favorecerá la activación del ciclo de estiramiento acortamiento de cada grupo muscular, incrementando la velocidad final de la mano (Gutiérrez y cols., 1994). Esta activación del ciclo de estiramiento acortamiento se produce, también, en otras disciplinas deportivas con similares cadenas cinéticas, como el lanzamiento de balonmano (Jöris y cols., 1985), el lanzamiento de jabalina (Campos, 2000) o el golpeo de kárate (Voigt y Klausen, 1990).

Otro aspecto clave en esta fase es el movimiento realizado por el brazo que no golpea. La posición flexionada y abducida del hombro de dicho brazo, es importante para seguir la pista y enfocar los ojos en el balón, al igual que facilitar la rotación lateral del tronco para adoptar la posición de “arco tenso”.

F) Implicaciones musculares: los movimientos realizados en esta fase son consecuencia de las acciones musculares descritas en la tabla 3. En este apartado, sólo describiremos las acciones y musculatura que interviene en las subfases de preparación y de armado. La descripción de la musculatura que interviene en la subfase de aceleración se realizará en la siguiente fase, la de golpeo. La fase de golpeo es entendida como una continuación de la subfase de aceleración, por lo tanto las acciones musculares son las mismas.

La acción de los trapecios provoca la extensión del cuello. La extensión del hombro es consecuencia de la actividad del deltoides y del supraespinoso. Los músculos infraespinoso y redondo mayor provocan la rotación externa del brazo ejecutor, mientras que la rotación interna y flexión son consecuencia de la acción del pectoral mayor y dorsal ancho. La flexión del codo se realiza por la actuación del braquial anterior y del bíceps braquial, que además favorece una ligera supinación del antebrazo, mientras que el tríceps, es el responsable de la extensión.

El brazo contrario al de golpeo, comienza el movimiento de flexión y abducción del hombro, principalmente por la acción del deltoides, pectoral mayor y supraespinoso. La rotación lateral del tronco y la extensión, se producen por la acción de los músculos espinales, abdomen transverso y oblicuo. La flexión de rodillas y la extensión de cadera, es fruto de la actividad de los isquiotibiales y los gráciles.

Tabla 3: Actuaciones musculares durante la fase de vuelo (adaptado de Cisar y Corbelli, 1989).

2.4. Golpeo

A) Objetivos: es la fase en la que realmente se culminan los objetivos mecánicos básicos del remate: a) golpear el balón lo más alto posible, y b) transmitir la máxima velocidad posible generada en la mano al balón, controlando la dirección del remate.

B) Inicio y fin: comienza en el momento en el que la mano entra en contacto con el balón, y finaliza tras la pérdida de contacto de la mano con el balón (Figura 11). Gutiérrez y cols. (1992) contrastan, en su estudio con hombres de élite, una duración de 0,120 s. Otro estudio realizado por Christopher (2001), establece una duración de 0,097 s en hombres y de 0,081 s en mujeres de la liga Americana de Voleibol.

Figura 11: Fotoseriación de la fase de golpeo del remate.

C) Ejecución técnica: la fase de golpeo es la culminación de la subfase de aceleración. En ella se completa la extensión del codo y se continúa el movimiento del brazo hacia delante y abajo. Durante esta fase también se realizan los movimientos compensatorios del tren inferior, produciéndose la extensión de rodillas y la flexión con rotación medial del tronco.

A la hora de realizar el golpeo al balón, hay que colocar la mano en forma de copa, con los dedos juntos (Haley, 1992). Esta posición de la mano, permite asegurar el control del balón y transmitirle la máxima velocidad posible. Golpear el balón con la mano abierta y dedos separados, permite mayor control sobre el balón, pero va en detrimento de la velocidad transmitida (Ivoilov, 1986).

En el momento del contacto con la pelota, el ángulo del hombro se sitúa entre 170-140º (Kugler y cols., 1996). Durante el golpeo, también se realizará un movimiento de flexión de la muñeca. Dicho movimiento no supone un aumento de la velocidad de salida del balón, pero favorece que la mano contacte con la parte superior del balón y provoque una rotación de éste hacia delante (Gutiérrez y cols., 1994; Kao y cols., 1994).

Una vez que la mano pierde contacto con el balón se produce la desaceleración del brazo, esta acción es importante para que el brazo no choque con el cuerpo del jugador (Rokito y cols., 1998).

D) Aspectos cinemáticos: la velocidad del balón en el remate es directamente proporcional a la velocidad de la mano (Vint, 1995). Durante el golpeo es preciso evitar la pérdida de energía generada en la mano.

La energía perdida en el contacto, depende de las características de deformación, tanto de la mano como del balón. Cuanto más rígida esté la mano y más duro el balón, menos energía se perderá en el golpeo (Ivoilov, 1986). Este hecho, justifica la posición de la mano en forma de copa con dedos juntos durante el golpeo, puesto que si la mano se pone abierta y con los dedos separados, se disminuye su rigidez. Por otra parte, la dureza del balón está determinada por la presión de inflado, que no puede ser modificada en competición (0,30 a 0,325 kg./cm2).

Aunque desde la cinemática, la velocidad aplicada al balón sería máxima, si la línea de fuerza aplicada pasase por el centro de gravedad del balón, es necesario contar con el “efecto Magnus” (Ivoilov, 1986; Kao y cols., 1994).

El efecto Magnus se produce por el rozamiento del balón con las capas de aire por las que se desplaza. La rotación del balón hacia delante genera un incremento de la presión en la parte superior del balón (fricción). Esto se debe a que la rotación del balón se opone a la resistencia que ofrece el aire al desplazamiento del mismo.

En la parte inferior del balón ocurre lo contrario que en la parte superior, la rotación del balón hacia delante genera una reducción de la presión. Esto se debe a que la rotación se produce en el mismo sentido de la resistencia que ofrece el aire al desplazamiento del balón.

La diferencia de presión entre la parte inferior y la parte superior de la pelota origina que el balón altere su movimiento parabólico, desplazándose hacia las zonas de menor presión. A mayor velocidad de desplazamiento y de giro de la pelota, mayor alteración de la trayectoria del balón.

Figura 12: Desplazamiento de las capas de aire ante un balón sin giro y otro que gira (efecto Magnus).

Así, debido a la acción del efecto Magnus, si se aplica una rotación hacia delante al balón durante el golpeo, se conseguirá una trayectoria más corta que permitirá hacerlo llegar antes al suelo (Figura 13). Para lograr imprimir al balón, esta rotación hacia delante sobre su eje horizontal, es necesario hacer el golpeo en la parte superior y acompañar el movimiento con una flexión de muñeca (Gutiérrez y cols., 1994).

Figura 13: Trayectorias descritas por remates a 72Km/h, desde 3m de altura, a distintas velocidades de rotación, 0, 2, 6, 8 y 10 rev/seg (Kao y cols., 1994).

E) Aspectos claves: en esta fase se consuman los objetivos del remate, máxima altura de golpeo, máxima velocidad y dirección adecuada. Para cumplir el primer objetivo, será necesario que en el inicio del golpeo, el cuerpo esté totalmente extendido y perpendicular al suelo (Figura 14), no perdiendo altura por posiciones no deseadas.

Figura 14: Diferencia de alturas de golpeos en función de la posición corporal (adaptado de Vint, 1998).

Para cumplir el segundo objetivo, es preciso que se realice el contacto tal y como se ha descrito anteriormente. Además, el balón debe estar situado ligeramente por delante del jugador y sobre el hombro del brazo de golpeo. Lograr esta posición, dependerá sobre todo de la carrera previa y el ajuste adecuado del lugar de batida.

Por otra parte, la dirección otorgada al balón dependerá de la orientación de la mano, que inicialmente debe orientarse en la misma dirección del movimiento del brazo, con el fin de obtener la máxima transmisión de fuerza al balón. En etapas iniciales de aprendizaje, se pretende dirigir el balón hacia el campo contrario, bien eludiendo el bloqueo o bien contra el mismo bloqueo. En etapas posteriores se desarrollaran técnicas avanzadas de ataque que permitan jugar sobre espacios libres de bloqueo, jugar sobre el mismo bloqueo o jugar buscando engañar a la defensa adversaria.

F) Implicaciones musculares: durante el golpeo, es importante mantener la estabilidad en la articulación del hombro del bazo ejecutor. Esta función recae sobre el trapecio y el serrato mayor. La extensión del hombro está a cargo del pectoral mayor, deltoides, dorsal ancho y redondo mayor. El subescapular es el máximo responsable de la rotación medial del hombro.

La extensión del codo se realiza por la acción del tríceps. Durante el contacto, los pronadores del antebrazo y los flexores de la muñeca otorgan a la mano el movimiento que imprime la rotación hacia delante del balón. El brazo contrario realiza un movimiento de extensión y abducción del hombro, en el que participan el deltoides, pectoral mayor, tríceps, dorsal ancho y redondo mayor. El recto abdominal provoca la flexión del tronco, mientras que el abdominal transverso y los oblicuos realizan la rotación medial del tronco.

En las piernas, se realiza la extensión total de rodillas mediante la acción de los cuádriceps. En la Tabla 4, podemos ver la musculatura que actúa, sus acciones y su localización en el cuerpo humano.

Tabla 4: Actuaciones musculares durante la fase de golpeo en el remate (adaptado de Cisar y Corbelli, 1989).

2.5. Caída

A) Objetivos: el objetivo principal en esta fase es caer de forma equilibrada y reducir el estrés que puede producir el impacto contra el suelo sobre las articulaciones de tobillos, rodillas, cadera y columna vertebral (Hernández, 1992; Ureña, 1998, Tillman y cols., 2004).

B) Inicio y fin: es la última fase, comienza cuando los pies contactan con el suelo, y finaliza cuando el jugador se ha equilibrado tras el impacto (Figura 15).

Figura 15: Fotoseriación de la fase de caída del remate.

C) Ejecución técnica: La fuerza de impacto se amortigua con la perfecta coordinación segmentaria de la cadena cinética, tobillo-rodilla-cadera, originándose un ángulo similar al empleado en el salto.

La caída debe ser sobre los dos pies, con el fin de repartir la fuerza de impacto sobre ambas piernas y reducir el riesgo de lesiones. Una sola pierna puede resultar insuficiente para soportar el stress causado por la frecuencia de caídas, pudiendo derivarse lesiones por sobrecargas. Según el estudio realizado por Tillman y cols. (2004), en la realidad competitiva femenina, sólo el 55% de los apoyos tras el salto de remate se realizan con los dos pies.

D) Aspectos cinemáticos: el lugar de la caída, será ligeramente por delante del lugar de batida. Si estos dos puntos están muy alejados el uno del otro, el salto habrá perdido altura a favor de un desplazamiento horizontal (Gutiérrez y cols., 1992, 1994).

E) Aspectos claves: al finalizar la caída, el jugador debe quedar equilibrado y en una posición que le permita continuar con otra acción en el juego.

F) Implicaciones musculares: durante la fase de caída, el brazo responsable del golpeo, finaliza su desaceleración mediante la acción del deltoides, dorsal ancho, redondo mayor y tríceps. La actividad del recto abdominal y los extensores de la columna, estabilizan la posición del tronco. La fuerza de impacto de la caída es absorbida, entre otros componentes articulares y musculares, sobre todo por la contracción excéntrica de cuádriceps, isquiotibiales, gastrocnemio (gemelos) y sóleos (Tabla 5).

Tabla 5: Actuaciones musculares durante la fase de caída del remate (adaptado de Cisar y Corbelli, 1989).

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